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¿Esto que siento es realmente un sentimiento?

Cómo distinguir sentimientos, pensamientos y “sentimientos disfrazados” para conectar con nuestras necesidades



“Me siento ignorada.”

“Me siento juzgado.”

“Me siento poco valorada.”

“Me siento como si no les importara.”


Utilizamos estas expresiones todos los días para hablar de nuestra experiencia emocional. Sin embargo, algunas de ellas no describen exactamente un sentimiento: contienen también una interpretación sobre lo que otra persona está haciendo, pensando o sintiendo.

Aprender a distinguir estas capas puede cambiar profundamente nuestra manera de relacionarnos con nuestras emociones.


La Comunicación Noviolenta (CNV) de Marshall Rosenberg nos ofrece una brújula sencilla: observar lo que ocurre, reconocer nuestros sentimientos, conectar esos sentimientos con nuestras necesidades y, desde ahí, decidir cómo actuar. Para Rosenberg, los sentimientos son una expresión de lo que está ocurriendo con nuestras necesidades: cuando nuestras necesidades están satisfechas podemos experimentar determinados estados emocionales y cuando no lo están, otros.


1. No todo lo que empieza con “me siento” es un sentimiento

Una de las distinciones fundamentales de la CNV es diferenciar sentimiento de interpretación.

Cuando digo:

“Me siento triste.”

estoy nombrando una experiencia emocional.

Cuando digo:

“Me siento ignorada.”

puede que esté describiendo una interpretación: estoy concluyendo que alguien me está ignorando.

Marshall Rosenberg señalaba precisamente esta diferencia: utilizar la palabra sentir no convierte automáticamente una frase en un sentimiento.


Una forma sencilla de reconocerlo

Pregúntate:

¿Esta palabra describe lo que ocurre dentro de mí o describe lo que creo que otra persona está haciendo conmigo?

Si digo…

Puede haber una interpretación

Puedo explorar…

“Me siento ignorada”

“Ella me ignora”

tristeza, soledad, frustración

“Me siento juzgado”

“Él me está juzgando”

miedo, inseguridad, incomodidad

“Me siento manipulada”

“Ella intenta manipularme”

confusión, rabia, incomodidad

“Me siento poco valorado”

“No valoran mi trabajo”

tristeza, decepción, frustración

“Me siento traicionada”

“Él me traicionó”

dolor, tristeza, rabia

“Me siento como si no les importara”

“No les importo”

soledad, tristeza, preocupación

Esto no significa que estas palabras estén incorrectas. Significa que pueden ser una invitación a profundizar.

En lugar de quedarnos en:

“Me siento ignorada.”

podemos preguntarnos:

“¿Qué siento debajo de ‘ignorada’?”

Quizás encontremos tristeza.

Quizás frustración.

Quizás soledad.

Y entonces aparece una pregunta todavía más importante:

“¿Qué necesidad está viva aquí?”

2. El cuerpo puede ayudarnos a encontrar la emoción

Muchas veces queremos encontrar primero la palabra correcta: ¿estoy triste?, ¿estoy enojada?, ¿estoy ansiosa?

Pero podemos empezar por otro lugar:

¿Qué noto en mi cuerpo?

Antes de poder explicar nuestra experiencia, podemos notar:

  • presión en el pecho

  • nudo en la garganta

  • tensión en la mandíbula

  • calor en la cara

  • respiración rápida

  • sensación de vacío

  • pesadez

  • ligereza

  • expansión

  • inquietud

Estas son sensaciones corporales, no necesariamente sentimientos.

La distinción importa.

“Tengo presión en el pecho” describe una sensación.
“Tengo miedo” nombra una experiencia emocional.
“Creo que algo malo va a pasar” expresa un pensamiento o anticipación.

Las tres cosas pueden aparecer juntas.

La investigación sobre emoción y cuerpo, incluyendo el trabajo de Antonio Damasio, ha mostrado la importancia de las señales corporales en la experiencia emocional y en la toma de decisiones.

Por eso, una pregunta muy útil puede ser:

¿Qué está pasando en mi cuerpo?

antes de preguntarnos:

¿Qué significa esto?

Ese pequeño cambio puede ayudarnos a salir momentáneamente de la historia que estamos construyendo y volver a nuestra experiencia.

3. El sentimiento es una puerta hacia la necesidad

Este es el corazón de la CNV. Un sentimiento no necesita convertirse en una acusación.

Puede convertirse en información.

Si siento:

frustración

puedo preguntarme:

“¿Qué necesidad no está siendo atendida?”

Quizás necesito:

claridad, cooperación, autonomía, consideración o apoyo.

Si siento:

tristeza

puedo explorar:

conexión, compañía, pertenencia, comprensión o cuidado.

Si siento:

tranquilidad

puedo reconocer necesidades que están siendo atendidas:

seguridad, confianza, descanso, armonía o conexión.


La lista de sentimientos y necesidades de CNVC está diseñada precisamente para ayudarnos a ampliar nuestro vocabulario emocional y conectar los estados emocionales con las necesidades humanas. (Ver lista)

El movimiento fundamental es:

Siento → necesito → elijo

Por ejemplo:

“Estoy frustrada.”

“Necesito claridad y cooperación.”

“Quiero pedir que definamos quién hará cada parte del proyecto.”

Aquí ocurre algo importante.

La necesidad no es lo mismo que la estrategia.

“Necesito que Pedro me responda hoy”

es una estrategia concreta.

“Necesito claridad y consideración”

expresa necesidades que pueden satisfacerse de muchas maneras.

Esta diferencia aumenta nuestras posibilidades de elección.

4. Cuanto más puedo distinguir, más puedo elegir


Daniel Goleman puso la autoconciencia emocional en un lugar central de la inteligencia emocional: reconocer nuestros estados internos es una condición importante para poder relacionarnos con ellos de manera consciente.

La investigación de Lisa Feldman Barrett sobre granularidad emocional también apunta al valor de diferenciar nuestras experiencias emocionales con mayor precisión.

No es lo mismo decir:

“Me siento mal.”

que decir:

“Estoy decepcionada, preocupada y un poco sola.”

La segunda expresión nos proporciona mucha más información.

Y más información significa más posibilidades.

Podemos entonces separar:

Capa

Pregunta

Situación

¿Qué ocurrió?

Cuerpo

¿Qué sensaciones noto?

Sentimiento

¿Qué emoción estoy experimentando?

Pensamiento

¿Qué historia o interpretación estoy construyendo?

Necesidad

¿Qué es importante para mí?

Elección

¿Qué quiero hacer o pedir?

No se trata de convertir cada emoción en un análisis intelectual.

Se trata de ganar suficiente claridad para no confundir nuestra interpretación con nuestra experiencia.

Susan David llama agilidad emocional a una relación más flexible con nuestros pensamientos y emociones: podemos reconocer lo que sentimos sin quedar completamente atrapados en ello.

Desde esta perspectiva:

Una emoción es información, no una orden.

Puedo sentir rabia sin atacar.

Puedo sentir miedo sin huir inmediatamente.

Puedo sentir tristeza y pedir compañía.

Puedo sentir frustración y buscar otra estrategia.


Ejemplo

Imaginemos que estás en una reunión y presentas una propuesta. Nadie responde y la conversación continúa.

Tu primera reacción podría ser:

“Me siento ignorada.”

Detengámonos.

¿Qué ocurrió?

Presenté una propuesta y nadie respondió antes de pasar al siguiente tema.

¿Qué noto en mi cuerpo?

Tensión en los hombros y presión en el pecho.

¿Qué siento?

Frustración y decepción.

¿Qué pienso?

“No valoran mi trabajo.”

Ese pensamiento puede ser muy real para mí, pero sigue siendo una interpretación, no un sentimiento.

¿Qué necesito?

Quizás:

consideración + participación + contribución + reconocimiento.

¿Qué puedo pedir?

“¿Podemos volver un momento a la propuesta que presenté? Me gustaría saber qué piensan de ella.”

Observa lo que cambió.

No tuvimos que negar la emoción.

No tuvimos que decirnos que “no deberíamos sentirnos así”.

Tampoco tuvimos que demostrar que los demás estaban equivocados.

Simplemente pasamos de una interpretación a una mayor claridad sobre nuestra experiencia y nuestras necesidades.

Práctica para la vida cotidiana

La próxima vez que digas:

“Me siento…”

haz una pausa y completa estas cuatro preguntas:

1. ¿Es realmente un sentimiento?

¿Estoy nombrando una emoción o una interpretación?

2. ¿Qué ocurre en mi cuerpo?

¿Qué sensaciones puedo identificar?

3. ¿Qué necesito?

¿Qué valor, necesidad o condición importante para mí está viva aquí?

4. ¿Qué puedo elegir?

¿Necesito expresarlo, pedir algo, poner un límite, descansar, esperar, reparar o simplemente escucharme?

La conexión que transforma

Quizás el objetivo va mas allá de aprender a decir perfectamente:

“Estoy frustrada porque necesito consideración.”

Para no quedarnos solo en la mecanica del proceso podemos desarrollar la capacidad de reconocer:

“Algo está pasando en mí.”

Y poder quedarnos allí el tiempo suficiente para descubrir:

“Esto es lo que siento.”

“Esto es lo que estoy pensando.”

“Esto es lo que necesito.”

Y finalmente:

“Ahora puedo elegir qué hacer con ello.”

La CNV nos recuerda que detrás de nuestros sentimientos hay necesidades humanas que podemos aprender a escuchar.

La granularidad emocional nos invita a ponerle mayor precisión a esa experiencia.

La inteligencia emocional nos ayuda a reconocerla.

La mirada somática nos devuelve al cuerpo.

Y la agilidad emocional nos ayuda a no quedar atrapados en lo que sentimos o pensamos.

Todo converge en una misma capacidad:

Poder estar suficientemente cerca de nuestra experiencia como para escuchar lo que importa, sin confundir nuestros pensamientos con la realidad ni nuestras emociones con una orden.

Porque cuando podemos distinguir lo que siento, lo que pienso y lo que necesito, aparece algo que puede ser todavía más valioso: la posibilidad de elegir cómo responder.


Claudia Sanchez

Coach de vida y bienestar

Entrenadora certificada en Comunicación Noviolenta

+573196500685

 
 
 

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